Entre lo sensorial y lo espiritual, el turismo de bienestar encuentra nuevas rutas de transformación personal. En el reciente seminario de Global Wellness Institute, titulado “Más allá de los baños de hielo: ¿Qué viene después en la terapia de frío?”, tres expertos abordaron cómo el uso consciente del calor, el frío y el descanso puede redefinir la experiencia wellness.
Don Genders, CEO de Design for Leisure; el Dr. Marcus Coplin, médico naturópata; y Lasse Erikson, consultor de sauna y bienestar en Farris Bad (Noruega), coincidieron en que: no se trata de desafiar los límites del cuerpo, sino de recuperar el equilibrio.
“Lo más significativo para una experiencia no siempre es lo más extremo”, explicó Erikson, quien ha trabajado con más de 780 mil visitantes en Noruega. “Vemos una tendencia hacia lo radical, pero el verdadero cambio sucede cuando las personas se permiten parar, reconectar con la vida y sentir”.
Esta visión toma relevancia para la industria turística, especialmente en propiedades wellness, donde la competencia por ofrecer lo “novedoso” ha generado cierta saturación de terapias de choque: baños de hielo que desafían la resistencia, sesiones exprés con supuestos beneficios inmediatos, o experiencias virales con enfoque en el biohacking.
Para Erikson, el valor está en lo contrario: “Cuando invitamos a las personas a soltar el control del tiempo y simplemente estar presentes, se abre la puerta a cambios profundos. No solo físicos, también emocionales y espirituales. La clave está en completar el ciclo de calor, frío y descanso”.
PROCESOS DE RECONEXIÓN
Aplicado al turismo, este nuevo enfoque representa una oportunidad para que Spas, hoteles y centros de bienestar dejen de ofrecer experiencias estándar y comiencen a guiar a los viajeros a través de procesos de introspección y reconexión.
“Las personas no vienen a buscar extremos”, insistió Erikson. “Buscan sentirse seguras, acompañadas. La verdadera sanación ocurre en los espacios intermedios, en las pausas”.
También destacó el valor social del ritual. “Un sauna no solo es un momento personal, también puede ser un espacio de comunidad”, señaló. “La terapia térmica es más poderosa cuando se vive colectivamente”.
En un mundo saturado de estímulos, este enfoque propone hacer del descanso el centro del viaje. Ya no se trata de “turismo activo”, sino de “turismo restaurativo”. Don Genders reforzó esta idea al hablar de la necesidad de diseño consciente en Spas y centros wellness: “El mayor mensaje que podemos transmitir es la importancia de la intención y del descanso. Es ahí donde sucede la magia”. Este modelo puede integrarse a prácticas locales, como temazcales, baños termales o rituales indígenas, rescatando tradiciones y resignificándolas para el viajero contemporáneo.
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